jueves, 6 de octubre de 2011

1000

Este escrito viene a celebrar las 1000 visitas a este modesto blog, que nació casi como un experimento, aislado del mundo y lanzado a la red sin amigos ni complicidades. Nadie ha conocido de su existencia, pues su autor, el que suscribe, no ha hablado de ello ni con sus más allegados.  Las mil visitas son pues, las visitas de buscadores errantes que han topado en su vagabundeo con alguno de sus artículos. Se trataba de ver si desde el anonimato y la discreción, era posible hacerse un hueco en este espacio extraño que es internet. Se entiende que estas 1000 visitas, ocurridas en el plazo de aproximadamente 10 meses, son más que nada tropiezos de navegantes, que rápidamente han pasado a otra cosa (solo hay que ver la gran cantidad de visitas que tiene la crítica cinematográfica de la película "Fóllame", con la que se habrán topado, asquedos, numerosos sexo-navegantes). Pero habrá un porcentaje (pequeño) de curiosos a los que el blog habrá servido de algo, y con eso, uno ya puede sentirse satisfecho. 1000 visitas en 10 meses no son muchas, pero indican al menos que desde la nada, puede construirse alguna cosa, que ahí, en el intangible y gigantesco páramo en el que habitan los ciberaventureros, nadie está solo del todo, aunque se lo proponga.

Salut a tots i gràcies per parar-vos en aquest port, per breu que sigui l'estada.

Permezzo

viernes, 9 de septiembre de 2011

La prima cosa bella

Desenfado italiano
Italia (2010)
Director: Paolo Virzì. Escrita por Paolo Virzì, Francesco Bruni , Francesco Piccolo.
Valerio Mastandrea, Micaela Ramazzotti, Stefania Sandrelli, Claudia Pandolfi, Marco Messeri, Fabrizia Sacchi

Echaba de menos una película italiana en el sentido más catizo de la palabra. Y ni siquiera lo sabía. Se me han despertado recuerdos aletargados y se me han reabierto senderos largamente abandonados.

Los méritos de esta película podrían resumirse en un vocablo: desenfado. Un desenfado al más puro estilo italiano.

Desenfado en sus personajes, que se despliegan en toda su extensión poniendo de manifiesto que están concebidos con verdadera solidez. No siempre tiene sentido lo que dicen o lo que hacen, pero, extrañamente, se comprende. Es ese uno de los síntomas más contundentes del cuadro clínico de una buena película.

Desenfado en las situaciones, que vagabundean del drama a la comedia con la misma alegría con que vagabundeaba el mismísimo Elmer Gantry. Situaciones donde se proyectan a sus anchas esos personajes desenfadados y tienen la oportunidad de expresarse sin más mesura que su propio caracter.

Desenfado en la estructura narrativa y en el ritmo, que no tienen artificios ni triquiñuelas, solo una anarquía y una desvergüenza contagiosas pero muy saludables. Saltos en el tiempo y en el ánimo, sin red, sin disimulos ni requiebros, para darnos un galimatías emocional a la altura de este enredo familiar, y del enredo interno que gobierna a estos personajes.

Desenfado en el propio enredo, donde, (¡milagro!), por una vez en la vida, ningún personaje queda arrinconado ni sometido, todos encuentran su hueco y salen a flote sin molestarse unos a otros, complementándose de un modo asombroso, en lo bueno y en lo menos bueno. En verdad que el que suscribe pocas veces ha visto semejante filigrana. Digno de estudio.

Desenfado, verdadero desenfado, al apelar a las emociones del espectador. Y aquí debo hacer una advertencia: habrá muy pocos que no se vean reflejados en uno u otro de estos seres desmandados, cuyas vidas se nos lanzan a la cara cual copa de whisky en un melodrama, para hacer reír más que otra cosa. Muy pocos no se verán en esta película.

Y el mayor desenfado de todos: el del propio y acongojado espectador, que secuestrado por tan desvergonzada película, se permitirá desatarse cual gaseosa, y le importará un rábano verse y ser visto en uno de los estados de ánimo más saludables y a la vez absurdos en que puede caer un ser humano: riendo y llorando al mismo tiempo.

El Apartamento

El giro a la izquierda
Estados Unidos (1960)
Director: Billy Wilder. Escrita por Billy Wilder y I.A.L. Diamond.
Jack Lemmon, Shirley MacLaine, Fred MacMurray, Ray Walston, Edie Adams, Jack Kruschen, Joan Shawlee, Hope Holiday, David Lewis, Naomi Stevens, Johnny Seven, Joyce Jameson, Willard Waterman, David White, Edie Adams
No voy a decir que esta película es ingeniosa en sus diálogos, que su guión funciona al ritmo de un saxofón y encaja como un puzzle, que plantea un retrato de las jerarquías sociales que resulta atemporal, que crea carácteres que huyen de los estereotipos a la vez que se ajustan como pocos a aquella realidad que quieren mostrar, que tiene una puesta en escena llena de lecciones de dirección para trasladar a las imagenes las emociones de quien las habita... No hace falta decir nada de eso, porque otros críticos lo habrán reseñado ya, y eso, en realidad, no es trascendental, no sale de la pantalla. La verdadera grandeza de El Apartamento reside en lo que cuenta, y brilla en su forma porque es el vehículo que le permite hacerlo.

E aquí uno de los escasísimos ejemplos de cine trascendente, de arte en toda la extensión de la palabra (por corta que sea), de obra capaz de infiltrarse en lo que les ocurre a los que están delante de la pantalla y de viajar con ellos allá dónde fueren, llenos de dudas y quebraderos de cabeza.

E aquí una película reflejo de lo que tenemos por nimiedades vitales, nimiedades que, sin embargo, condicionan en proporciones gigantescas, más de lo que nos damos cuenta.

E aquí la historia de un hombre, de un héroe, capaz de romper su inercia vital y hacerlo en un contexto (también cinematográfico) dónde eso es casi imposible, y hacerlo desde la estricta lealtad a sí mismo, sin escatimar ni siquiera los defectos.

E aquí una película sobre uno de los temas más evitados por los autores, un tema que, porque huyen de él, echa a perder la mayoría de las películas del mundo. Tan jodido es y tan presente pide estar en cualquier historia: la libertad. No esa libertad política (entendido en sentido amplio) que todos los autores quieren filmar a bombo y platillo, sino la otra, la que solo atañe a uno mismo, la libertad de revelarse contra el circulo vicioso que, sin remedio, es el dibujo vital de cualquier individuo, y es el dibujo vital de cualquier personaje que se precie.

E aquí la historia de un hombre que no se revela contra el mundo, que no lucha contra sus antagonistas. Simplemente hace algo mucho más difícil: ejerce su libertad, a pesar de sí mismo. Gira a la izquierda. Se quita los arneses de burro. Se da de morros contra el canto de un armario... Consigue un instante de lucidez. La lucidez, eso trasciende, eso aprendemos con "El Apartamento", por un momento, montados en la peli, como el personaje, tenemos la oportunidad de ver nuestro circulo vicioso.

Y ahí se plantea un debate: ¿Nuestro hombre busca su dignidad, o en realidad huye? O sea, ¿es un valiente o es un cobarde? Sea como fuere, es libre, para ser una cosa o la otra.

Nosotros también, que no nos digan lo contrario.

miércoles, 8 de junio de 2011

Batalla de Vilanova de la Barca. Acción diversiva. Agosto de 1938.

TEXTO REVISADO EL 25 DE AGOSTO DE 2011.

El siguiente texto está, en su mayor parte, basado en el capítulo dedicado a esta acción de guerra en el libro "La batalla del Segre", de Lluís Mezquida, publicado por la Diputación de Tarragona en 1972.

El 9 de agosto del 38, ante la fuerte presión nacional en el frente del Ebro, el mando republicano decide llevar a cabo una acción ofensiva en el frente del Segre como maniobra diversiva. El lugar escogido es Vilanova de la Barca, una localidad a escasos 15 quilómetros de la ciudad de Lleida.

De madrugada, se concentran junto al río Segre, en la confluencia de éste con el río Riucorb, las fuerzas republicanas. Existe cierta confusión sobre las unidades que participaron en esta acción, y el tema merece un capítulo aparte: si bien Lluís Mezquida pone a la vanguardia en su relato a la 130 Brigada Mixta de Carabineros, parece confirmado que no es posible que esta unidad estuviera en ese punto del frente del Segre en ese momento, con lo cual es probablemente un error del autor. La 94 brigada de Infantería de Marina, mencionada también por Mezquida, sí pudo haber participado en esta acción, pues en su estudio sobre las Brigadas Mixtas republicanas, Carlos Engel relaciona a esta unidad con esta operación. Tanto Engel como Mezquida situan también a la 143 Brigada Mixta y a la 145. El estudioso local Jordi Verdú, sin embargo, a partir de sus investigaciones con documentos del comisariado republicano, en el archivo de Ávila, situa como unidades de vanguardia a la 3ª Brigada Mixta y a la 179 Brigada Mixta. Carlos Engel confirma la participación de ambas unidades, además de la 145. También parece incuestionable la participación de la 153 Brigada Mixta, que relevó a la 3ª al quinto dío de ofensiva. También se movilizó a la 135, 131 y la 146, según Jordi Verdú, que permanecieron en la reserva. Por último, hay que mencionar la 38 Brigada Mixta, pues el camillero Baldomer Gràcia, perteneciente a esta unidad, relata en sus memorias su intervención en esta batalla, aunque sin llegar nunca a cruzar el río, por lo que cabe pensar que esta brigada solo actuó en tareas de apoyo. La información más reciente es la que aporta Jordi Verdú, con lo que partiremos de la base de que las unidades que mayor protagonismo tienen en la batalla son la 3ª, la 179, la 153, la 145 Brigadas Mixtas, y añadiremos a su aportación la 143, pues Carlos Engel la menciona también, y Lluís Mezquida la documenta con testigos.

Cruzan el río batallones de la 3ª y la 179 Brigada Mixta sin obtener demasiada resistencia. Las fuerzas nacionales son escasas, y se ven sorprendidas por el ataque. Cruzan más batallones con el objeto de ensanchar y asegurar una cabeza de puente, a la vez que las compañías de Pontoneros inician el tendido de pasarelas, así como un puente para el traslado de carros de combate. Al amanecer, la 3ª, la 179 y una parte de la 145 han cruzado el río, esta última solo parcialmente, ya que los nacionales provocan una crecida del Segre para abortar el ataque que interrumpe el movimiento de tropas. Antes ha pasado también una compañía de tanques T-26 rusos. Posiblemente, según Mezquida, cruza también la 143 Brigada Mixta. Con esas fuerzas se consigue asegurar una cabeza de puente de reducidad dimensiones, lo que se conoce como una "lenteja".

Los nacionales, alertados, abren las compuertas de las presas de Camarasa y Tremp provocando una fuerte crecida del río. Esto detiene el paso de nuevas tropas. La siguiente respuesta nacional es el bombardeo de la zona, que termina por destruir casi por completo el pueblo de Vilanova de la Barca, en la inmediata retaguardia republicana. Al mismo tiempo se ametralla desde el aire las fuerzas republicanas situadas en la cabeza de puente.

Las fuerzas republicanas, bien equipadas y motivadas, sufrieron un severo e inesperado contratiempo. Según afirma Jordi Verdú, las unidades concentradas en la cabeza de puente se quedaron practicamente sin mandos, pues por diversas circunstancias, los comandantes de la mayor parte de ellas, no lograron cruzar el río. Ese contratiempo supondría un grave obstáculo para una operación bien diseñada y con fuerzas suficientes para lograr su objetivo, que, a la postre, no era otro que tomar la localidad de Castelló de Farfanya, a unos 15 quilómetros de río, con lo que se hubieran cortado las comunicaciones nacionales por carretera entre Lleida y Balaguer. La operación era viable dado que los nacionales, según apunta Verdú, no tenían tropas en profundidad, y la concentración de fuerzas republicanas era considerable.

A pesar de los contratiempos, los republicanos se afianzan en el terreno conquistado, y las fuerzas rebeldes de la 54 división, se retiran a posiciones de resistencia.

La acción republicana se deja sentir en todo el sector en la retaguardia nacional. Cunde el temor, especialmente en la ciudad de Lleida de que los combates se generalicen, y se inician los planes para evacuar de civiles la ciudad, que quedan en suspenso cuando se detiene el avance republicano en Torrelameu, aunque se mantienen en fase de máxima alerta. El mando ordena reforzar todas las líneas nacionales. 

La noche del día 10 al 11 de agosto, tienen lugar los primeros contraataques nacionales, que consiguen destruir varios tanques T-26. La ofensiva queda agotada y se estabiliza. A partir de entonces son los nacionales los que llevarán la iniciativa, encargándose a la 54 división la tarea de recuperar la cabeza de puente.

Los combates que tienen lugar los siguientes días son de gran dureza, en atención a los partes de guerra de ambos bandos, teniendo lugar constantes ataques y contraataques en las huertas de Vilanova y Torrelameu, una zona completamente llana. Un comunicado nacional, del día doce, especifica la captura de 200 prisioneros republicanos, así como el entierro de 400 cadáveres enemigos. El día 13, un comunicado republicano, hace referencia a un severo ataque nacional rechazado causando gran cantidad de bajas al enemigo. 

La actividad aérea de los nacionales es constante, y reduce a escombros la localidad de Vilanova. Según La Vanguardia del 14 de agosto, los sucesivos ataques destruyen el 80% del caserío habitado. (De hecho, esta localidad fue proyectada de nuevo y reconstruida por completo al terminar la guerra)

Los combates se suceden. El día 14, según el Ministerio de Defensa republicano, un ataque nacional es rechazado causando más de 300 bajas al enemigo, entre los muertos hay un comandante (el jefe del Tercio de Nuestra Señora de Valvanera) y dos tenientes. Ese día, según Jordi Verdú, la 3ª Brigada Mixta, muy diezmada, es substituida por la 153. El día 15 sigue la misma tónica de ataques nacionales. Las bajas en ambos bandos no dejan de aumentar. Son estos dos días, probablemente, los más duros para los rebeldes. Sin embargo, poco a poco, los nacionales consiguen recuperar terreno en la cabeza de puente. En ese momento, la acción de los republicanos parece ya un fracaso, y se decide mantener la resistencia con un objetivo puramente logistico: evitar la pérdida de toda una compañía de tanques T-26, un armamento inestimable para los intereses republicanos, pero que terminaría por costar la vida a centenares de soldados.

A partir del día 17 son los republicanos los que reciben mayor castigo. Un comunicado de ese día habla de severa derrota para los republicanos. Se destruyen varios tanques y detalla el entierro de al menos 278 cadáveres enemigos. Se hacen también gran número de prisioneros.
Ese mismo día, se inicia la retirada republicana. Las brigadas que estaban en vanguardia, ya muy castigadas después de 8 días de combates constantes, retroceden bajo continuo fuego de artillería y bombardeos y ametrallamientos aéreos. Ante la evidente retirada, se sitúa a la 135 Brigada Mixta al otro lado del río en previsión de un intento de cruzarlo por parte nacional y como cobertura para las tropas en retroceso. La ofensiva republicana termina el día 18, tras nueve dramáticas jornadas. Según el parte nacional, del día 19, "quedó completamente limpia de enemigos la orilla derecha".

La retirada republicana fue trágica en algunos momentos, pues con el dominio de las presas del norte, los rebeldes producen avenidas de agua para dificultar el paso del río. La avenida del día 19 se lleva decenas de cadáveres insepultos, y causa numerosas bajas por ahogamiento. Además, centenares de soldados republicanos se quedan atrapados por la crecida y son acribillados por los nacionales. Ocho días después de la ofensiva, un parte nacional, relata: "a las enormes bajas sufridas por el enemigo, hay que sumar 411 cadáveres, contados a su paso por Lérida, que fueron arrastrados por las aguas del río".

Como colofón trágico-cómico a tan mortal y estéril acción, se produjeron durante los siguientes días, varios intentos republicanos por recuperar algunos carros de combate T-26, que habían quedado abandonados en el cauce del río Segre. Se tendían durante la noche cables para remolcar los tanques hacia el margen izquierdo. La 143 brigada fue, según Mezquida, la encargada. Cada intento desataba fuertes tiroteos entre ambas orillas del río. Finalmente, se desistió sin lograr ningún resultado, dado el elevado número de bajas que ocasionaba.

No hay una contabilidad fiable del número de bajas en cada ejercito. Sin embargo, valga como referencia de la extrema dureza de esta acción, un dato que aporta Lluís Mezquida con testigos del Hospital de Arbeca: de la 143 Brigada Mixta, quedaron únicamente 143 combatientes.

La delgada línea roja

Estados Unidos, 1998
Escrita y dirigida por Terrence Malick, a partir de la novela de James Jones
Sean Penn, James Caviezel, Nick Nolte, Elias Koteas, Ben Chaplin, Dash Mihok, John Cusack, Adrien Brody, John C. Reilly, Woody Harrelson, Miranda Otto, Jared Leto, Will Wallace, John Dee Smith, John Travolta, George Clooney, Nick Stahl, Thomas Jane, John Savage, Kirk Acevedo, Tim Blake Nelson, Larry Romano, Penelope Allen, Simon Billig, Mark Boone Junior, Don Harvey, Norman Patrick Brown, Arie Verveen, Jarrod Dean, Matt Doran, Travis Fine, Paul Gleeson, Danny Hoch, Robert Roy Hofmo, Don Harvey, Michael McGrady.
La inmortalidad
El viento sopla, las hojas se mecen, los pájaros cantan, y los hombres se matan. ¿El sinsentido de la guerra? ¿O quizás simplemente su condición de hecho efímero, como todos los otros hechos que ocurren en el mundo? La guerra llega, ocurre, y luego pasa, y los que mueren desaparecen. Y los nativos seguirán pescando bajo el agua, y criando a sus hijos, y cazando en los bosques subtropicales. Y el viento seguirá meciendo las hojas y los pájaros seguirán cantando en los árboles.

Todo es efimero, excepto, posiblemente, una cosa: el arte. Los cuadros de Goya, la música de Bach, las obras de Sófocles, y con ellas, se inmortaliza a los hombres. "La delgada línea roja" es una obra de hechos efímeros, de pensamientos fugaces que quieren ser inmortales. La guerra es mala, o no, vete a saber. Pero la guerra es un todo gigantesco hecho de muchos miles o millones de células, hombres que la viven como un acontecimiento individual: yo contra el que tengo delante, yo contra ese nido de ametralladoras, yo con las vísceras desparramadas intentando sobrevivir, yo helado a un minuto de morir, yo con los árboles centenarios y los pájaros, mientras silban las balas a mi alrededor...

Esta película sitúa cada cosa en su sitio. La guerra, que pasará, ocurriendo en un soporte eterno que permanece inmutable. Los hombres que la forman, que libran su propia guerra interior. Y el cine, el arte, que de efímeros, de agonizantes, los convierte a todos ellos en inmortales.

miércoles, 18 de mayo de 2011

Cartas a Julieta

Estados Unidos 2010

Dirigida por  Gary Winick
Escrita por José Rivera, Tim Sullivan
Amanda Seyfried, Vanessa Redgrave, Gael Garcia Bernal, Franco Nero, Christopher Egan, Marcia DeBonis, Giordano Formenti, Fabio Testi, Oliver Platt


Echo de menos a Ed Wood
Esta película empata con unas cuantas miles más en mi lista de "Peor película de la Historia". Y si me molesto en escribir algo es porque resulta que, en mi caso, el bochorno es un resorte muy motivador. De todos modos, seré breve.

No se puede aprovechar ni un centímetro del metraje de esta película, ni siquiera los paisajes, y lo siento por ellos que no tienen la culpa, pero es que toca las pelotas ya el tema de la Toscana y sus chopos en la carretera y sus viñedos y no se cuantos topicazos más. Parece mentira que que se puedan dar aún más vueltas de tuerca a una tuerca tan mareada. Corrijo: parece mentira que se pueda dar la misma vuelta de tuerca a la misma tuerca. Y con tan poca gracia, porque la misma historia con un poco de ingenio o con un algo de filigrana que le diera pulso al encefalograma, podría ser tolerable. Aquí todo es más plano que Holanda. Bochornoso, de arriba a abajo, atentado al buen gusto cinematográfico en todos los sentidos. A la inteligencia no, porque la peli tiene la decencia de no contar ya con ella, de no exigirla en lo más mínimo.

Parece mentira que alguien pueda escribir semejante guión y quedarse tan ancho. Creo que un mes antes de verla, ya sabía como acababa.

Echo de menos a Ed Wood y a sus malas películas. Mil veces antes cualquier esperpento que este árido desierto.

martes, 19 de abril de 2011

La batalla de Lleida (1938)

(También conocida como Batalla de Lérida (1938))

Una de las batallas más desconocidas, y por tanto más olvidadas de la Guerra Civil en Catalunya es la batalla de Lleida. Es un hecho en verdad sorprendente, pues fue una batalla de proporciones y repercusiones importantes. Enfrentó entre el 31 de marzo y el 3 de abril de 1938 en los alrededores de la ciudad y en sus calles a más de 20.000 hombres, se produjeron combates durísimos y dejó un trágico balance que algunas fuentes sitúan en 950 bajas entre los nacionales, y una cifra que podría acercarse a las 4000 en el bando republicano, entre muertos, heridos y prisioneros. Además, la batalla de Lleida fue la única por la toma de una ciudad que se produjo en Catalunya, con las consecuencias durísimas que tuvo para sus habitantes, supuso un tremendo golpe moral para la república, y afianzo definitivamente a las tropas nacionales en la antesala de la toma de Catalunya.

Existen pocas publicaciones sobre el frente del Segre, y menos aún respecto a la batalla de Lleida. Uno de los más interesantes y documentados libros sobre los hechos ocurridos en esos días en la ciudad es "La batalla del Segre", publicado por Lluís Mezquida en 1972. En su relato está basado este artículo.

Tras la toma de Teruel por los rebeldes, las tropas republicanas retrocedieron en desbandada ofreciendo poca resistencia al avance imparable de las divisiones nacionales. El objetivo de estas era Lleida, como puerta de entrada a Catalunya. Por parte republicana, las ordenes hablaban de "defender a toda costa la población de Lérida". Días antes de iniciarse los combates, quedaba claro que la ciudad era el lugar donde se iba a librar la batalla, y para ello se prepararon los dos ejércitos.

Se encarga a la 46 división, la defensa de la ciudad. Ésta se reorganiza a toda prisa entre el 29 y el 31 de marzo, reforzándose con lo que queda de la 16 División y tropas procedentes de la 27 División, que se trasladan a toda prisa a la zona. Junto con otras unidades agregadas, el ejercito defensor lo formarían, según cálculos de Lluís Mezquida, unos 10.000 hombres. Se pone al mando de la División a Valentín González González, "el Campesino".


Valentín González González, "el Campesino"

Estas tropas se reparten en tres brigadas, la 10, la 60 y la 101, y se despliegan por la huerta de Lleida, en el margen derecho del río, aproximadamente a unos 2 kilómetros de la ciudad, en concreto por las partidas de Montcada y Boixadors, al norte, y por Sant Just, Pla del Batlle, Caparrella y Rufea, al sur.

En el bando nacional, se encarga a la 13 División, mandada por el general Fernando Barrón Ortiz, el asalto a la ciudad, reforzada por la 150 División y la 5ª División de Navarra, sumando entre todas las unidades, también, unos 10.000 soldados. La 13 División era conocida como la "mano negra", pues llevaba una mano negra dibujada en su estandarte. Entre esas tropas se encuentran algunas de las unidades de élite de los rebeldes, tropas muy experimentadas y con fama de ser implacables, como el Tabor de Tiradores de Ifni, y varias banderas de la Legión.

El principal objetivo militar era inicialmente la colina conocida como "Les Collades", en la partida de Sant Just, de poco más de 200 metros de altura, un punto estratégico para avanzar sobre la ciudad. Los nacionales pretendían tomar esa cota y paralelamente asaltar un segundo punto estratégico, Gardeny, que les permitiría ya tener una posición de privilegio sobre la ciudad.

Desplegados ambos ejércitos, bajo un permanente fuego de artillería por ambas partes, que en los días previos había dejado la ciudad prácticamente vacía de civiles, la orden de ataque se da la noche del 30 al 31 de marzo. Los combates más duros se producen en "Les Collades", en Sant Just. Este punto estratégico está defendido por la 60 Brigada republicana, y los atacantes son unidades de la Brigada móvil de Caballería y de la 150 División. Durante todo el día, se producen ataques, contestados con contraataques republicanos. Especialmente sangrientos son los enfrentamientos en la cota 205, que fue tomada y recuperada hasta tres veces a lo largo de un día de combates sin tregua. Los combates, con fuertes contraataques republicanos, continúan por la noche, para luego pasar a una calma tensa. También durante ese día, se inician los ataques a Gardeny por el sur.

El día 1 de abril, los republicanos mantienen su posición en "Les Collades" y en Gardeny, pero la situación de las tropas nacionales es ahora mucho más favorable para la toma de sendas colinas. Se suma a ello la superioridad de la artillería y la fuerza aérea nacional. Durante el primer día, los nacionales ya han hecho 180 prisioneros. Los combates prosiguen, sucediéndose otra vez ataques y contraataques, y produciéndose numerosas bajas en ambos bandos, en especial entre los republicanos que defienden "Les Collades". La vanguardia nacional consigue ventajosas posiciones para el asalto final a ambas colinas, a pesar de los contraataques republicanos que se intensifican durante la noche del día 1 al 2 de abril.

Durante el día 2 se intensifica el fuego artillero sobre las dos colinas, contestado por los republicanos que cuentan además con varios tanques rusos. Los nacionales inician el asalto a Gardeny en un duro combate con elevadas bajas. Los republicanos se defienden con incesante fuego de ametralladora. Van a la vanguardia el Tabor de Tiradores de Ifni y la 4ª bandera de la Legión. En el ataque se logra conquistar buena parte de la colina, aunque no el castillo, pues las hostilidades se detienen con la caída de la noche. El avance nacional se ve favorecido por las maniobras de infiltración por el camino de Gardeny de algunas unidades, que obligan a un repliegue de los defensores por temor a quedar aislados.

Lo mismo ocurre en "Les Collades". Los movimientos envolventes fuerzan el repliegue republicano, con lo que el asalto resulta menos duro que en jornadas anteriores. Las fuerzas republicanas se retiran hacia la ciudad en este sector. De este modo, los rebeldes se hallan ya a un paso del casco urbano, teniendo bajo control las partidas de Empresseguera y buena parte de Vallcalent. El frente se traslada en este sector ya a las primeras casas de la ciudad.

Durante la noche del 2 al 3 de abril, se produce un fuerte contraataque  republicano en Gardeny con la intención de recuperar el terreno perdido durante la jornada, pero es repelido tras un intenso combate de media hora. También durante la noche, las fuerzas republicanas se ocupan en parapetarse en las primeras casas de la ciudad. Se trabaja intensamente en la calle Academia, donde se improvisan "corredores" entre las casas, tumbando tabiques, para evitar el fuego enemigo. Se colocan minas en la calle Sant Antoni y Plaça Catalunya, y se instala dinamita en los puentes sobre el río. Los defensores reciben la orden de "resistir a toda costa"

El ataque, el día 3 de abril, se produce simultaneamente, a partir de las 12 horas, por varios puntos, quedando desbordadas las defensas republicanas. El grueso de las fuerzas penetra por las calles Academia y Alcalde Costa, y por el camí de la Mariola hasta l'Escorxador y la Rambla d'Aragó.



Tropas de la 46 División defendiendo la ciudad en la calle Alcalde Costa, el día 3 de Abril. Al fondo se ve Gardeny desde donde ataca la 13 División nacional. Esta violenta y dramática imagen, de autor desconocido, es una de las pocas que existen de la batalla.

Por el otro lado, el ataque pretende llegar hasta la Estación de Ferrocarriles, y en el centro, por el camí de Vallcalent, hasta Santa Teresita, Camp de Mart y la carretera de Huesca. Los atacantes consiguen penetrar en la ciudad, y avanzar lentamente hacia el centro, hostigados en todo momento por fuego republicano, procedente de ventanas y esquinas. Las unidades republicanas no consiguen detener el avance por el norte, y los nacionales toman la estación a las 3 de la tarde tras superar una lluvia de balas de las ametralladoras parapetadas en las casas de la ciudad. Por la calle Academia, los defensores retroceden hacia el puente. En este momento, los rebeldes reciben inestimable ayuda artillera, pues dominan las colinas de las afueras de la ciudad y las baterías pueden precisar sus disparos.

La situación de las tropas republicanas es ya desesperada y su defensa desorganizada. Gracias a ello, los nacionales toman rápidamente la Seu Vella, que es casi abandonada por los defensores, ante el temor de quedar aislados.

Al atardecer se establece una fuerte bolsa de resistencia republicana en "El Molí de Gualda", pero la artillería lo destruye, produciéndose un gran incendio. Las tropas republicanas comienzan a cruzar el río Segre hacia el margen izquierdo. En la carretera de Viella, donde se ha combatido durante toda la jornada, los republicanos se repliegan. No existe ya comunicación entre las unidades defensoras que, presionadas, van retrocediendo para cruzar el río. Durante el repliegue, se dificulta el avance enemigo provocando el incendio de algunos edificios del centro de la ciudad. El fuego pasa de unas casas a otras hasta generalizarse en algunos puntos, especialmente en la calle Estererias, donde numerosos edificios quedan arrasados por las llamas.

A las 14 horas, el mando republicano se instala en la Bordeta (al otro lado del río) mientras se organiza en la Banqueta la evacuación de las diezmadas tropas hacia el margen izquierdo del río. Inmediatamente después se vuelan los puentes de la ciudad, a pesar de que todavía hay bolsas de resistencia en la Rambla d'Aragó y en la plaça Berenguer IV, así como en algunas zonas de la huerta. Estas bolsas fueron reducidas, o se disolvieron cuando sus integrantes, conscientes de la situación, cruzaron el río durante la noche.

Desde ese momento, el frente quedará establecido en el río Segre, con los republicanos en el margen izquierdo, y los nacionales en el derecho. Son frecuentes durante los siguientes días los tiroteos de un lado o de otro, así como la esporádica acción de artillería. Se producen escaramuzas durante el día 4 en los alrededores de la estación que terminan con varios muertos republicanos. El frente se estabiliza, a pesar del temor de unos y otros de eventuales contraataques que no llegan nunca a producirse. La situación no se moverá durante 9 agotadores meses, que hacen de la vida en la ciudad, una empresa altamente arriesgada, pues es frecuente la acción de francotiradores durante todo ese periodo, además de puntual fuego artillero.

Con la toma de Lleida, el ejercito nacional avanza ya sin apenas resistencia a lo largo de todo el margen derecho del río Segre tomando las localidades de los alrededores y preparándose para la toma de Balaguer, que será un hecho en los próximos días.

Es imposible conocer con exactitud el número de bajas resultantes de la batalla. Por el bando nacional, una fuente habla de 300 bajas el día 1 de abril, 400 el día 2, y 250 el día 3, haciendo un total de 950, casi un 10% del total de la 13 División. Hay que hacer notar que esta información no menciona las posibles bajas registradas el día 31 de marzo, que pudieron ser cuantiosas, pues tuvieron lugar severos combates. Por parte republicana, no existe ningún parte. Aun así, Lluís Mezquida hace un cálculo de las bajas de la 46 División, apuntando la posibilidad que se perdieran un 40% de sus efectivos, entre muertos, heridos, desertores y prisioneros. De sus tres brigadas mixtas, la 60 fue de largo la más castigada. Dos semanas después de los combates, en un documento militar, se menciona que la División está "para organización con personal recuperado", y se contabilizan los efectivos de sus unidades. Mientras la brigada 101 y la 10 cuentan con más de 2300 hombres cada una, la 60 solo cuenta 505. Esta brigada fue la encargada de defender "Les Collades", donde se produjeron los combates más duros. Sumando los efectivos de las tres brigadas, así como los de las diferentes unidades agregadas, la 46 división contaba dos semanas después de la batalla con unos 6882 soldados. Estos datos, sin embargo deben tomarse con cautela. En cualquier caso se puede asegurar que el numero de muertos y heridos entre ambos bandos fue muy elevado.


A pesar de que la 46 División republicana sería condecorada por esta batalla, su máximo responsable, Valentín González "el campesino", fue severamente amonestado por sus superiores, que llegan a tacharle de cobarde, así como de ceder terreno con demasiada facilidad y no cumplir las ordenes de resistir el ataque hasta las últimas consecuencias.


ESTE ARTÍCULO SE AMPLIA CON UNA SEGUNDA PARTE, PUBLICADA EN ESTE BLOG EL 28 DE AGOSTO DE 2012:
http://permezzo.blogspot.com.es/2012/08/la-batalla-de-lleida-1938-ampliacion.html