viernes, 13 de enero de 2012

El Fuego y la Palabra (Elmer Gantry)


Estados Unidos, 1960
Dirigida y escrita por Richard Brooks a partir de la novela de Sinclair Lewis
Burt Lancaster, Jean Simmons, Shirley Jones, Arthur Kennedy, Dean Jagger, Rex Ingram, Hugh Marlowe, Edward Andrews, Patti Page, John McIntire, Joe Maross, Philip Ober, Barry Kelley.
El amor es la estrella de la mañana y de la tarde
"El amor es la estrella de la mañana y de la tarde". Una frase tan reluciente en boca de Elmer Gantry, como falsa al mismo tiempo, y como auténtica y definitoria del personaje que la dice. Pura paradoja. Esta película es un torrente imparable, el que inyecta uno de los personajes más conseguidos y complejos del cine americano, lleno de contradicciones, de vicios y también de belleza. ¡Qué gran granuja! ¡Qué tipo entrañable! ¡Y como logra todos esos matices un fantástico Burt Lancaster! Su interpretación no está reconocida hoy como se merece, debería figurar entre las mejores de todos los tiempos. Puede que Lancaster sea el mismísimo Elmer Gantry, de otro modo, parece un prodigio. Richard Brooks, uno de esos directores que, incomprensiblemente no figuran en el olimpo de los dioses del cine (quizás por hacer películas demasiado inteligentes) dirige una orquesta sin fisuras al servicio del personaje, y el efecto es brillante. La película no tiene un momento de pausa, y las emociones de los personajes están permanentemente a flor de piel, y con ellos, las de los espectadores. Gantry vive cada instante como si le fuera la vida en ello. Ama de verdad, compadece, peca, engaña, predica poniendo en ello cada centímetro de su cuerpo... "El amor es la estrella de la mañana y de la tarde", tan falso, y tan verdadero.
Solo hay que ver la secuencia inicial, cuando la primera página de una novela de Sinclair Lewis empieza a narrar una historia: Elmer Gantry estaba borracho, elocuentemente borracho...
La película avanza a base de fuerza pero también a base de sutileza. El amor surge con una naturalidad que emociona, enfrentado al deber, a la causa, y fluctuan los personajes Elmer y la adorable hermana Sharon, entre uno y otro, atrapados a veces por el amor y otras por la misión que creen encomendada. Y en ello, apenas se rozan, haciendo su amor imposible.
En superficie aparece brillantemente tratado el tema de los mesías de nuestro tiempo, de las iglesias que captan a los ingenuos. Se plantean temas teológicos que añaden atractivo a la trama. Pero más allá de eso, está esa lucha entre el deber y el amor, y el certero retrato de lo que es en esencia un ser humano: una criatura simple y hermosa, enamoradiza, gamberra, tierna, apasionada, capaz de crear y de destruir llevada por sus propias obsesiones, capaz de errar, arrepentirse, aprender, y volver a errar. Y después de caer, volver a levantarse para seguir adelante. "I am on my way", canta Elmer, dejando que el camino le lleve.
El amor es la estrella de la mañana y de la tarde, esa es en realidad la esencia de la vida, tan cierto como falso, tan bello como ridículo, depende solo de creer en ello.

viernes, 21 de octubre de 2011

Margin Call

Cine-Crisis
Estados Unidos (2011)
Dirigida y escrita por J.C. Chandor
Kevin Spacey, Paul Bettany, Jeremy Irons, Zachary Quinto, Penn Badgley, Simon Baker, Mary McDonnell, Demi Moore, Stanley Tucci.
 
Una película no despreciable, de recomendable visión para todos nosotros que no hemos sufrido guerras civiles ni mundiales, pero que a cambio vivimos metidos en este tiempo aciago donde el dólar es ya, no solo el Dios, sino también el Diablo, y no nos da eso ni la oportunidad de empuñar una arma para luchar contra un enemigo que tiene forma de cifra contable y que es imposible de matar.

No es una película despreciable, su visión es recomendable en términos históricos. En términos cinematográficos, es una película circunscrita a su tiempo, a su periodo de producción: entre el 2008 y el 2011. En estos años ha surgido este cine histórico, que se retrotrae solo unas décadas, o apenas unos pocos años como en este caso, y que se fuerza a sí mismo a un ejercicio de austeridad en todos los sentidos cinematográficos para ganar realismo y a la vez como medida preventiva ante el pánico que produce la aventura de dramatizar aquello que es absolutamente contemporáneo. Un pánico lógico del todo, en un tiempo donde es más fácil hacer el ridículo que acabar en el paro (o casi).

El resultado de estas "adaptaciones" de la realidad contemporánea es que, sin querer, han creado una escuela de hacer cine, con todo su libro de estilo, cuyo máximo exponente es probablemente "La red social" (de momento). Con "Margin call", el resultado es todavía más frío, la desdramatización es todavía más acusada, hasta el punto que conectan este tipo de películas con el cine independiente, aunque se nos presentan oportunamente barnizadas, gracias a la publicidad y a algunas concesiones de sus creadores a la comercialidad. El cine indi y el comercial van más dados de la mano que nunca en este punto y esperan captar adeptos de ambos márgenes. El híbrido es un cine creíble, que evita el ridículo, que está "a la moda", que parece huir deliveradamente de las emociones haciendo que sus personajes lo hagan a su vez, al menos en apariencia. Desde la frialdad, pretenden exponer un fresco social que nos impacte en su conjunto, desde la ironía, el cinismo o el sarcasmo, impregnados estos en el fresco, y con ello, que nos emocione. No quiere fabricar momentos a la vieja usanza para que llore o ría el espectador, quiere crear situaciones que se apoyen en la realidad histórica que conoce de antemano el espectador (una realidad que esta "sufriendo"), para que, con esa información adicional, con el aporte que el espectador hace, resulten, por deducción, situaciones tan dramáticas como para hacer llorar o hacer reír. El invento resulta un poco tramposo, y tiene fecha de caducidad porque su desdramatización funciona hoy, pero no está claro que funcione mañana.
Este cine tiene antecedentes que terminan de revelar su verdadera naturaleza. Cine de la guerra fría, de principios de los 60, que tenía un patrón similar, a modo de puzzle, muy sobrio, muy "moderno". Me viene a la mente ahora "Siete días de mayo", un ejemplar salvable, pero hay paladas de películas como esa que no han pasado la barrera del tiempo. La fuente de ese cine viaja más lejos, a maestros como Kubrik ("Atraco perfecto") o Huston ("La jungla de asfalto"). Pero hay que salvar enormes distancias: si bien estilísticamente existen afinidades, el propósito de los maestros era muy distinto: no querían hacer películas con pretensiones de consciencia global, sino dramas humanos, y a partir de ahí, venía lo demás. Ese es el orden correcto. Por eso hoy están vigentes, porque las personas somos lo único atemporal.

Vista la película en sí, cojea precisamente durante buena parte por su falta de dramatismo, y en último término, cojea por todo lo contrario, por traicionarse a sí misma, pues, en un esfuerzo de comercialidad, esa frialdad se torna en un calentón de dramatismo. Se gira la tortilla al más puro estilo de cine-moral americano, algo muy propio del cine "indi". Un desequilibrio que estropea la película. Le falta drama cuando debe haberlo, y le sobra cuando no debe. Eso sería un detalle salvable, si no fuera porque pone de manifiesto que, en su mecánica interior, ésta no es una película todo lo honesta que debería.

Estilísticamente, la película me gusta. Su ritmo más o menos funciona. Los personajes, gracias a interpretaciones muy buenas, están conseguidos (hasta donde se les deja llegar porque no consiguen ser más que estereotipos). La película, sin embargo, se sigue traicionando a sí misma: en el fondo lo que quiere es ganar dinero, como todo el mundo, aunque sea a costa de sacar siete euros a los pobres desgraciados que están en el paro, y que quieren sentirse mejor odiando a los hijos de puta que les han jodido la vida. Ya lo dicen los triunfadores: siempre hay modos de forrarse en tiempos difíciles, solo hay que encontrar la fórmula. En el cine americano, la fórmula es darle en cada momento al público aquello que quiere ver, aunque no lo sepa. El gran mérito de los "ideólogos" de Hollywood a sido siempre ese.

En definitiva, un ejemplo más, en términos morales y estilísticos del Cine-Crisis, la nueva ola del momento. A saber cuantas películas más veremos como ésta. A saber cuanto tiempo de vigencia tendrá este cine.

jueves, 6 de octubre de 2011

1000

Este escrito viene a celebrar las 1000 visitas a este modesto blog, que nació casi como un experimento, aislado del mundo y lanzado a la red sin amigos ni complicidades. Nadie ha conocido de su existencia, pues su autor, el que suscribe, no ha hablado de ello ni con sus más allegados.  Las mil visitas son pues, las visitas de buscadores errantes que han topado en su vagabundeo con alguno de sus artículos. Se trataba de ver si desde el anonimato y la discreción, era posible hacerse un hueco en este espacio extraño que es internet. Se entiende que estas 1000 visitas, ocurridas en el plazo de aproximadamente 10 meses, son más que nada tropiezos de navegantes, que rápidamente han pasado a otra cosa (solo hay que ver la gran cantidad de visitas que tiene la crítica cinematográfica de la película "Fóllame", con la que se habrán topado, asquedos, numerosos sexo-navegantes). Pero habrá un porcentaje (pequeño) de curiosos a los que el blog habrá servido de algo, y con eso, uno ya puede sentirse satisfecho. 1000 visitas en 10 meses no son muchas, pero indican al menos que desde la nada, puede construirse alguna cosa, que ahí, en el intangible y gigantesco páramo en el que habitan los ciberaventureros, nadie está solo del todo, aunque se lo proponga.

Salut a tots i gràcies per parar-vos en aquest port, per breu que sigui l'estada.

Permezzo

viernes, 9 de septiembre de 2011

La prima cosa bella

Desenfado italiano
Italia (2010)
Director: Paolo Virzì. Escrita por Paolo Virzì, Francesco Bruni , Francesco Piccolo.
Valerio Mastandrea, Micaela Ramazzotti, Stefania Sandrelli, Claudia Pandolfi, Marco Messeri, Fabrizia Sacchi

Echaba de menos una película italiana en el sentido más catizo de la palabra. Y ni siquiera lo sabía. Se me han despertado recuerdos aletargados y se me han reabierto senderos largamente abandonados.

Los méritos de esta película podrían resumirse en un vocablo: desenfado. Un desenfado al más puro estilo italiano.

Desenfado en sus personajes, que se despliegan en toda su extensión poniendo de manifiesto que están concebidos con verdadera solidez. No siempre tiene sentido lo que dicen o lo que hacen, pero, extrañamente, se comprende. Es ese uno de los síntomas más contundentes del cuadro clínico de una buena película.

Desenfado en las situaciones, que vagabundean del drama a la comedia con la misma alegría con que vagabundeaba el mismísimo Elmer Gantry. Situaciones donde se proyectan a sus anchas esos personajes desenfadados y tienen la oportunidad de expresarse sin más mesura que su propio caracter.

Desenfado en la estructura narrativa y en el ritmo, que no tienen artificios ni triquiñuelas, solo una anarquía y una desvergüenza contagiosas pero muy saludables. Saltos en el tiempo y en el ánimo, sin red, sin disimulos ni requiebros, para darnos un galimatías emocional a la altura de este enredo familiar, y del enredo interno que gobierna a estos personajes.

Desenfado en el propio enredo, donde, (¡milagro!), por una vez en la vida, ningún personaje queda arrinconado ni sometido, todos encuentran su hueco y salen a flote sin molestarse unos a otros, complementándose de un modo asombroso, en lo bueno y en lo menos bueno. En verdad que el que suscribe pocas veces ha visto semejante filigrana. Digno de estudio.

Desenfado, verdadero desenfado, al apelar a las emociones del espectador. Y aquí debo hacer una advertencia: habrá muy pocos que no se vean reflejados en uno u otro de estos seres desmandados, cuyas vidas se nos lanzan a la cara cual copa de whisky en un melodrama, para hacer reír más que otra cosa. Muy pocos no se verán en esta película.

Y el mayor desenfado de todos: el del propio y acongojado espectador, que secuestrado por tan desvergonzada película, se permitirá desatarse cual gaseosa, y le importará un rábano verse y ser visto en uno de los estados de ánimo más saludables y a la vez absurdos en que puede caer un ser humano: riendo y llorando al mismo tiempo.

El Apartamento

El giro a la izquierda
Estados Unidos (1960)
Director: Billy Wilder. Escrita por Billy Wilder y I.A.L. Diamond.
Jack Lemmon, Shirley MacLaine, Fred MacMurray, Ray Walston, Edie Adams, Jack Kruschen, Joan Shawlee, Hope Holiday, David Lewis, Naomi Stevens, Johnny Seven, Joyce Jameson, Willard Waterman, David White, Edie Adams
No voy a decir que esta película es ingeniosa en sus diálogos, que su guión funciona al ritmo de un saxofón y encaja como un puzzle, que plantea un retrato de las jerarquías sociales que resulta atemporal, que crea carácteres que huyen de los estereotipos a la vez que se ajustan como pocos a aquella realidad que quieren mostrar, que tiene una puesta en escena llena de lecciones de dirección para trasladar a las imagenes las emociones de quien las habita... No hace falta decir nada de eso, porque otros críticos lo habrán reseñado ya, y eso, en realidad, no es trascendental, no sale de la pantalla. La verdadera grandeza de El Apartamento reside en lo que cuenta, y brilla en su forma porque es el vehículo que le permite hacerlo.

E aquí uno de los escasísimos ejemplos de cine trascendente, de arte en toda la extensión de la palabra (por corta que sea), de obra capaz de infiltrarse en lo que les ocurre a los que están delante de la pantalla y de viajar con ellos allá dónde fueren, llenos de dudas y quebraderos de cabeza.

E aquí una película reflejo de lo que tenemos por nimiedades vitales, nimiedades que, sin embargo, condicionan en proporciones gigantescas, más de lo que nos damos cuenta.

E aquí la historia de un hombre, de un héroe, capaz de romper su inercia vital y hacerlo en un contexto (también cinematográfico) dónde eso es casi imposible, y hacerlo desde la estricta lealtad a sí mismo, sin escatimar ni siquiera los defectos.

E aquí una película sobre uno de los temas más evitados por los autores, un tema que, porque huyen de él, echa a perder la mayoría de las películas del mundo. Tan jodido es y tan presente pide estar en cualquier historia: la libertad. No esa libertad política (entendido en sentido amplio) que todos los autores quieren filmar a bombo y platillo, sino la otra, la que solo atañe a uno mismo, la libertad de revelarse contra el circulo vicioso que, sin remedio, es el dibujo vital de cualquier individuo, y es el dibujo vital de cualquier personaje que se precie.

E aquí la historia de un hombre que no se revela contra el mundo, que no lucha contra sus antagonistas. Simplemente hace algo mucho más difícil: ejerce su libertad, a pesar de sí mismo. Gira a la izquierda. Se quita los arneses de burro. Se da de morros contra el canto de un armario... Consigue un instante de lucidez. La lucidez, eso trasciende, eso aprendemos con "El Apartamento", por un momento, montados en la peli, como el personaje, tenemos la oportunidad de ver nuestro circulo vicioso.

Y ahí se plantea un debate: ¿Nuestro hombre busca su dignidad, o en realidad huye? O sea, ¿es un valiente o es un cobarde? Sea como fuere, es libre, para ser una cosa o la otra.

Nosotros también, que no nos digan lo contrario.

miércoles, 8 de junio de 2011

Batalla de Vilanova de la Barca. Acción diversiva. Agosto de 1938.

TEXTO REVISADO EL 25 DE AGOSTO DE 2011.

El siguiente texto está, en su mayor parte, basado en el capítulo dedicado a esta acción de guerra en el libro "La batalla del Segre", de Lluís Mezquida, publicado por la Diputación de Tarragona en 1972.

El 9 de agosto del 38, ante la fuerte presión nacional en el frente del Ebro, el mando republicano decide llevar a cabo una acción ofensiva en el frente del Segre como maniobra diversiva. El lugar escogido es Vilanova de la Barca, una localidad a escasos 15 quilómetros de la ciudad de Lleida.

De madrugada, se concentran junto al río Segre, en la confluencia de éste con el río Riucorb, las fuerzas republicanas. Existe cierta confusión sobre las unidades que participaron en esta acción, y el tema merece un capítulo aparte: si bien Lluís Mezquida pone a la vanguardia en su relato a la 130 Brigada Mixta de Carabineros, parece confirmado que no es posible que esta unidad estuviera en ese punto del frente del Segre en ese momento, con lo cual es probablemente un error del autor. La 94 brigada de Infantería de Marina, mencionada también por Mezquida, sí pudo haber participado en esta acción, pues en su estudio sobre las Brigadas Mixtas republicanas, Carlos Engel relaciona a esta unidad con esta operación. Tanto Engel como Mezquida situan también a la 143 Brigada Mixta y a la 145. El estudioso local Jordi Verdú, sin embargo, a partir de sus investigaciones con documentos del comisariado republicano, en el archivo de Ávila, situa como unidades de vanguardia a la 3ª Brigada Mixta y a la 179 Brigada Mixta. Carlos Engel confirma la participación de ambas unidades, además de la 145. También parece incuestionable la participación de la 153 Brigada Mixta, que relevó a la 3ª al quinto dío de ofensiva. También se movilizó a la 135, 131 y la 146, según Jordi Verdú, que permanecieron en la reserva. Por último, hay que mencionar la 38 Brigada Mixta, pues el camillero Baldomer Gràcia, perteneciente a esta unidad, relata en sus memorias su intervención en esta batalla, aunque sin llegar nunca a cruzar el río, por lo que cabe pensar que esta brigada solo actuó en tareas de apoyo. La información más reciente es la que aporta Jordi Verdú, con lo que partiremos de la base de que las unidades que mayor protagonismo tienen en la batalla son la 3ª, la 179, la 153, la 145 Brigadas Mixtas, y añadiremos a su aportación la 143, pues Carlos Engel la menciona también, y Lluís Mezquida la documenta con testigos.

Cruzan el río batallones de la 3ª y la 179 Brigada Mixta sin obtener demasiada resistencia. Las fuerzas nacionales son escasas, y se ven sorprendidas por el ataque. Cruzan más batallones con el objeto de ensanchar y asegurar una cabeza de puente, a la vez que las compañías de Pontoneros inician el tendido de pasarelas, así como un puente para el traslado de carros de combate. Al amanecer, la 3ª, la 179 y una parte de la 145 han cruzado el río, esta última solo parcialmente, ya que los nacionales provocan una crecida del Segre para abortar el ataque que interrumpe el movimiento de tropas. Antes ha pasado también una compañía de tanques T-26 rusos. Posiblemente, según Mezquida, cruza también la 143 Brigada Mixta. Con esas fuerzas se consigue asegurar una cabeza de puente de reducidad dimensiones, lo que se conoce como una "lenteja".

Los nacionales, alertados, abren las compuertas de las presas de Camarasa y Tremp provocando una fuerte crecida del río. Esto detiene el paso de nuevas tropas. La siguiente respuesta nacional es el bombardeo de la zona, que termina por destruir casi por completo el pueblo de Vilanova de la Barca, en la inmediata retaguardia republicana. Al mismo tiempo se ametralla desde el aire las fuerzas republicanas situadas en la cabeza de puente.

Las fuerzas republicanas, bien equipadas y motivadas, sufrieron un severo e inesperado contratiempo. Según afirma Jordi Verdú, las unidades concentradas en la cabeza de puente se quedaron practicamente sin mandos, pues por diversas circunstancias, los comandantes de la mayor parte de ellas, no lograron cruzar el río. Ese contratiempo supondría un grave obstáculo para una operación bien diseñada y con fuerzas suficientes para lograr su objetivo, que, a la postre, no era otro que tomar la localidad de Castelló de Farfanya, a unos 15 quilómetros de río, con lo que se hubieran cortado las comunicaciones nacionales por carretera entre Lleida y Balaguer. La operación era viable dado que los nacionales, según apunta Verdú, no tenían tropas en profundidad, y la concentración de fuerzas republicanas era considerable.

A pesar de los contratiempos, los republicanos se afianzan en el terreno conquistado, y las fuerzas rebeldes de la 54 división, se retiran a posiciones de resistencia.

La acción republicana se deja sentir en todo el sector en la retaguardia nacional. Cunde el temor, especialmente en la ciudad de Lleida de que los combates se generalicen, y se inician los planes para evacuar de civiles la ciudad, que quedan en suspenso cuando se detiene el avance republicano en Torrelameu, aunque se mantienen en fase de máxima alerta. El mando ordena reforzar todas las líneas nacionales. 

La noche del día 10 al 11 de agosto, tienen lugar los primeros contraataques nacionales, que consiguen destruir varios tanques T-26. La ofensiva queda agotada y se estabiliza. A partir de entonces son los nacionales los que llevarán la iniciativa, encargándose a la 54 división la tarea de recuperar la cabeza de puente.

Los combates que tienen lugar los siguientes días son de gran dureza, en atención a los partes de guerra de ambos bandos, teniendo lugar constantes ataques y contraataques en las huertas de Vilanova y Torrelameu, una zona completamente llana. Un comunicado nacional, del día doce, especifica la captura de 200 prisioneros republicanos, así como el entierro de 400 cadáveres enemigos. El día 13, un comunicado republicano, hace referencia a un severo ataque nacional rechazado causando gran cantidad de bajas al enemigo. 

La actividad aérea de los nacionales es constante, y reduce a escombros la localidad de Vilanova. Según La Vanguardia del 14 de agosto, los sucesivos ataques destruyen el 80% del caserío habitado. (De hecho, esta localidad fue proyectada de nuevo y reconstruida por completo al terminar la guerra)

Los combates se suceden. El día 14, según el Ministerio de Defensa republicano, un ataque nacional es rechazado causando más de 300 bajas al enemigo, entre los muertos hay un comandante (el jefe del Tercio de Nuestra Señora de Valvanera) y dos tenientes. Ese día, según Jordi Verdú, la 3ª Brigada Mixta, muy diezmada, es substituida por la 153. El día 15 sigue la misma tónica de ataques nacionales. Las bajas en ambos bandos no dejan de aumentar. Son estos dos días, probablemente, los más duros para los rebeldes. Sin embargo, poco a poco, los nacionales consiguen recuperar terreno en la cabeza de puente. En ese momento, la acción de los republicanos parece ya un fracaso, y se decide mantener la resistencia con un objetivo puramente logistico: evitar la pérdida de toda una compañía de tanques T-26, un armamento inestimable para los intereses republicanos, pero que terminaría por costar la vida a centenares de soldados.

A partir del día 17 son los republicanos los que reciben mayor castigo. Un comunicado de ese día habla de severa derrota para los republicanos. Se destruyen varios tanques y detalla el entierro de al menos 278 cadáveres enemigos. Se hacen también gran número de prisioneros.
Ese mismo día, se inicia la retirada republicana. Las brigadas que estaban en vanguardia, ya muy castigadas después de 8 días de combates constantes, retroceden bajo continuo fuego de artillería y bombardeos y ametrallamientos aéreos. Ante la evidente retirada, se sitúa a la 135 Brigada Mixta al otro lado del río en previsión de un intento de cruzarlo por parte nacional y como cobertura para las tropas en retroceso. La ofensiva republicana termina el día 18, tras nueve dramáticas jornadas. Según el parte nacional, del día 19, "quedó completamente limpia de enemigos la orilla derecha".

La retirada republicana fue trágica en algunos momentos, pues con el dominio de las presas del norte, los rebeldes producen avenidas de agua para dificultar el paso del río. La avenida del día 19 se lleva decenas de cadáveres insepultos, y causa numerosas bajas por ahogamiento. Además, centenares de soldados republicanos se quedan atrapados por la crecida y son acribillados por los nacionales. Ocho días después de la ofensiva, un parte nacional, relata: "a las enormes bajas sufridas por el enemigo, hay que sumar 411 cadáveres, contados a su paso por Lérida, que fueron arrastrados por las aguas del río".

Como colofón trágico-cómico a tan mortal y estéril acción, se produjeron durante los siguientes días, varios intentos republicanos por recuperar algunos carros de combate T-26, que habían quedado abandonados en el cauce del río Segre. Se tendían durante la noche cables para remolcar los tanques hacia el margen izquierdo. La 143 brigada fue, según Mezquida, la encargada. Cada intento desataba fuertes tiroteos entre ambas orillas del río. Finalmente, se desistió sin lograr ningún resultado, dado el elevado número de bajas que ocasionaba.

No hay una contabilidad fiable del número de bajas en cada ejercito. Sin embargo, valga como referencia de la extrema dureza de esta acción, un dato que aporta Lluís Mezquida con testigos del Hospital de Arbeca: de la 143 Brigada Mixta, quedaron únicamente 143 combatientes.

La delgada línea roja

Estados Unidos, 1998
Escrita y dirigida por Terrence Malick, a partir de la novela de James Jones
Sean Penn, James Caviezel, Nick Nolte, Elias Koteas, Ben Chaplin, Dash Mihok, John Cusack, Adrien Brody, John C. Reilly, Woody Harrelson, Miranda Otto, Jared Leto, Will Wallace, John Dee Smith, John Travolta, George Clooney, Nick Stahl, Thomas Jane, John Savage, Kirk Acevedo, Tim Blake Nelson, Larry Romano, Penelope Allen, Simon Billig, Mark Boone Junior, Don Harvey, Norman Patrick Brown, Arie Verveen, Jarrod Dean, Matt Doran, Travis Fine, Paul Gleeson, Danny Hoch, Robert Roy Hofmo, Don Harvey, Michael McGrady.
La inmortalidad
El viento sopla, las hojas se mecen, los pájaros cantan, y los hombres se matan. ¿El sinsentido de la guerra? ¿O quizás simplemente su condición de hecho efímero, como todos los otros hechos que ocurren en el mundo? La guerra llega, ocurre, y luego pasa, y los que mueren desaparecen. Y los nativos seguirán pescando bajo el agua, y criando a sus hijos, y cazando en los bosques subtropicales. Y el viento seguirá meciendo las hojas y los pájaros seguirán cantando en los árboles.

Todo es efimero, excepto, posiblemente, una cosa: el arte. Los cuadros de Goya, la música de Bach, las obras de Sófocles, y con ellas, se inmortaliza a los hombres. "La delgada línea roja" es una obra de hechos efímeros, de pensamientos fugaces que quieren ser inmortales. La guerra es mala, o no, vete a saber. Pero la guerra es un todo gigantesco hecho de muchos miles o millones de células, hombres que la viven como un acontecimiento individual: yo contra el que tengo delante, yo contra ese nido de ametralladoras, yo con las vísceras desparramadas intentando sobrevivir, yo helado a un minuto de morir, yo con los árboles centenarios y los pájaros, mientras silban las balas a mi alrededor...

Esta película sitúa cada cosa en su sitio. La guerra, que pasará, ocurriendo en un soporte eterno que permanece inmutable. Los hombres que la forman, que libran su propia guerra interior. Y el cine, el arte, que de efímeros, de agonizantes, los convierte a todos ellos en inmortales.