martes, 6 de marzo de 2012

Silencio en la nieve

España, 2011
Dirigida por Gerardo Herrero.
Escrita por Nicolás Saad, a partir de la novela de Ignacio del Valle.
Juan Diego Botto, Carmelo Gómez, Víctor Clavijo, Andrés Gertrúdix, Francesc Orella, Sergi Calleja, Jordi Aguilar, Alex Spijksma.
Libertad

No hay ninguna posibilidad de salvar esta película.

El tema tiene potencial, algo que debemos probablemente a la novela (que no he leído).

Los actores tienen algunos buenos momentos, los personajes, en algunos momentos puntuales, logran falsificar con cierta solvencia a sus originales, personajes perdidos en la galaxia del cine americano.

Hay una o dos, puede que hasta tres secuencias durante las cuales uno logra olvidarse de que está en un cine, pero son una verdadera excepción. El resto de la película uno está pensando dónde ha visto u oído una secuencia igual, de dónde han plagiado ese diálogo, o en que thriller americano vio por última vez ese dramático giro argumental.

Snif.

Es imposible entregarse, meterse en una película que es una mala falsificación de otras tropecientas mil.

Para empeorar las cosas, no está bien dirigida. Hay un par de clímax de guión que la dirección de Herrero, despistadísima, convierte en verdaderos galimatías. Véase la secuencia entre alemanes y españoles, apuntándose los unos a los otros (¡qué cosa tan mal filmada!), o el acorralamiento al asesino en un viejo monasterio (una escena desconcertante). Esta película, a ratos, parece un avión pilotado por un miope sin gafas.

Con películas como ésta, uno se da cuenta de lo difícil que es hacer cine.

Lo siento, es probablemente la peor frase que se puede decir de una película. Pero aquí, encaja.

No es muy complicado llegar a la conclusión de que los responsables de esta película no tienen talento. Tienen un cierto grado de saberhacer. Conocen un elemental ABC de la narrativa cinematográfica. Podrán haber hecho algo más o menos bueno alguna vez en su carrera. Podrán haber conseguido, en alguna rara ocasión, liberarse lo suficiente para dejar que fluya su propia inspiración, su propia personalidad para parir alguna cosilla, por pequeña que sea. Pero "Silencio en la nieve" son noventa minutos irrelevantes, y sin duda sus responsables son plenamente conscientes de ello, porque algo de cine tienen que saber, porque algo de dignidad deben de tener.

Con estas reflexiones, llegamos a una conclusión inapelable, incontestable, impepinable... y es que una película, una novela, una obra... , no es otra cosa que un acto de libertad. Y éste no es el caso.

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