viernes, 13 de enero de 2012

Buscando un beso a medianoche

 
Estados Unidos 2007
Dirigida y escrita por Alex Holdridge
Scoot McNairy, Sara Simmonds, Brian Matthew McGuire, Katy Luong, Bret Roberts, Robert Murphy, Twink Caplan, Nic Harcourt
 
Buscando un filón donde sea y cuando sea
Qué bonitos son los filones. Como brilla el oro, o la bauxita o el tungsteno al fondo de la galería H de la mina E. Una maravilla, solo que el cine no es un material que se extrae de la tierra. No vale lo mismo un pedazo que otro, no brilla igual esta pepita que aquella. Será porque aquí la pepita hay que arrancarla de la cabeza de alguien.

No se puede negar que esta película tiene cierta honestidad, que su blanco y negro es atractivo, y que algunos de sus momentos son divertidos, o efectivos, o entrañables. Sin embargo, para decepción del que suscribe, tampoco se puede negar que la propuesta está más hueca que otra cosa, que se sostiene en personajes con poca entidad, los cuales, lógicamente, no logran dar entidad a lo que hacen durante la película. El personaje masculino despierta ciertas simpatías, pero el pobre se ve aplastado en todo momento por su creador, de quien debe ser alter ego, con esa madurez fabricada del fracaso, con ese código moral que, una vez más, nos dice que en el fondo, lo "indi", moralmente, es más estricto que los reverendos bautistas del sur de Estados Unidos, y que su irreverencia se queda en el envoltorio. Tres cuartos de lo mismo para la chica, que debe ser la novia entre neurótica y frágil que el autor siempre quiso tener.

Esta película vive de su filón. La referencia más clara es "Antes del amanecer". Tirando de eso, tiene garantizados unos cuantos espectadores. Tira de lo "indi", de un falso "amateurismo", de personajes más trillados que la paja, de situaciones donde hay que darle demasiado a la chispa para que se encienda alguna cosa. No tiene mayor secreto: conversaciones existenciales por las calles en blanco y negro de Los Angeles. Los personajes van echando leña al fuego, aunque no tenemos claro que coño quieren alumbrar. La verborrea que sueltan sigue caminos retorcidos, quiebros que se esfuerzan por crear un brebaje gustoso, y tal es el esfuerzo, que en cada palabra parece que vemos al guionista sudando tras el ordenador. Poca libertad tienen sus pobres personajes, poseídos por su autor hasta perder su alma sin remedio. Cuesta empatizar verdaderamente con ellos, y cuando las situaciones se agotan, la solución está en buscar una nueva transición, un "ir a alguna parte" por esas calles oscuras y espléndidamente fotografiadas. Y de ahí a una nueva confesión.
Nada de lo que ocurre en esta película resulta motivador. Puede que lo único que pueda salvarse sea la relación entre el personaje masculino y la novia china de su mejor amigo. Lastima que ese auténtico "filón" (dicho aquí en otro sentido) no esté aprovechado. Realmente es mucho más interesante la subtrama que lo que les ocurre a los protagonistas. Alguien sabio dijo una vez que las historias que hay que contar en el cine, deben ser extraordinarias. Sino, ¿para qué hay que hacer una película con ellas?

Faltan conflictos, obstáculos y objetivos. Eso diría un manual de escritura de cine, uno de esos que luego hay que tirar a la basura. Esos libros se resquebrajan ante una buena película, en este caso, sin embargo, Alex Holdrige debió haberse comprado uno, porque al menos son útiles para salvar películas huecas como ésta.

Para hacer una buena película, para encontrar la pepita de oro, hay que picar mucha piedra, aunque sea de un filón.

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