martes, 22 de febrero de 2011

El demonio bajo la piel

Estados Unidos (2010)
Dirigida por Michael Winterbottom
Escrita por Michael Winterbotton y Robert D. Weinbach, a partir de la novela de Jim Thomson
Interpretada por Casey Affleck, jessica Alba, Kate Hudson, Bill Pullman, Ned Beatty, Elias Kosteas, Simon Baker.


La piel dura


Después de ver "9 songs" (horrible), quien me iba a decir que iba a gustarme una película de Winterbottom. De hecho me había prometido (sin mucho énfasis) no ver ninguna otra. Si me encontré frente a "El demonio bajo la piel" fue por una serie de circunstancias con las que no voy a aburrir a nadie.
Es necesario meterse "bajo la piel" de una película para que ésta tenga alguna oportunidad de agradarnos. Algunas películas son muy accesibles, son de amplio espectro. Esta película, en cambio, tiene la piel más dura, y si no se accede a ella, su lenguaje parece swahili. El kid de la cuestión, el resorte mágico, se encuentra en este caso en el enfoque, en el punto de vista que se nos propone. Winterbottom no quiere hacer una película de cine negro actualizado, no quiere hacer una película de acción, ni siquiera de suspense. Su propósito es hacer un retrato de la psicología de un asesino. Vista la película desde ese prisma resulta un trabajo realmente interesante.

El esfuerzo en este sentido salta a la vista cuando se observa, poco a poco, la imprecisión con la que se nos cuentan los acontecimientos que rodean al protagonista. Con ello queda patente que lo importante no es el argumento propiamente dicho, da igual el cómo, el cuándo y el dónde. Lo fundamental está dentro de la esfera en la que habita este personaje cuyas motivaciones no son tangibles, sino que surgen más bien de su desequilibrio.

Toda la película está concebida a partir de ese enfoque. Cualquier otra interpretación la convierte en un galimatías. Las elipsis, a veces inexplicables, las incoherencias en el hilo de la investigación, solo tienen sentido si asumimos que la única información que tenemos es aquella que procesa nuestro protagonista o aquella que considera relevante y que le motiva para actuar, así que es una información elíptica, entrecortada e imprecisa. Partiendo de ahí, y recordando que la mente en la que se nos convida a meternos es la de un loco, la coherencia interna de la película es impecable.

Hay momentos de gran brillantez en esta película. De verdadera altura cinematográfica. En primer lugar, Winterbottom es capaz de hacernos creer que, aun en su afán asesino, el personaje opera con coherencia, y consigue de un modo inquietante que se produzca un cierto grado de empatía entre el espectador y este demonio. Observamos que es un criminal, pero no nos damos cuenta de que en realidad estamos en la mente de un verdadero desequilibrado, de alguien que hace su propia interpretación de la realidad. En este sentido la organización de la película es extremadamente precisa y hábil. Cuando nos vamos dando cuenta, ya es tarde, ya llevamos adherido al personaje a la piel. Es una sensación inquietante de la cuál el que suscribe no consiguió desprenderse hasta unas cuantas horas después de salir del cine.

El psicópata que aquí se nos retrata es incapaz de sentir remordimiento, es incapaz de sentir culpa, pero eso no es incompatible con que tenga momentos de ternura, con que tenga minúsculos destellos de amor. Su impulso asesino, la extrema frialdad de su mente, le conducen a cometer sus actos a pesar de que intelectualmente comprenda que son horrendos. Pero solo es capaz de sentir de un modo racional, es decir, de un modo aprendido, y por tanto sus "sentimientos" racionales resultan inocuos. Hay un gran esfuerzo para mostrar esas paradojas, y en algunos casos está logrado con brillantez. Véase, por ejemplo toda la trama relacionada con su novia, y en la que no me voy a extender para no desvelar información.

Casey Affleck, un actor que no me gusta en absoluto, borda su papel. Está simplemente perfecto. Lo digo porque tiene que ser muy jodido interpretar semejante personaje, en semejante película. También Kate Hudson está muy bien, todos los actores sin excepción se sujetan férreamente a sus papeles, a la parcialidad que tienen en esta película hecha de trozos, que a la fuerza les obliga a ser extremadamente precisos.

La atmósfera entre gélida y cálida que construye Winterbottom, con una fotografía entre quemada y azulada, los breves e indefinidos flashbacks, la parcialidad que tiene la imagen, cuyo fuera de campo es enorme, la voz en off, la sordidez de las escenas de violencia, así como el constante movimiento que hay en la película, forma parte de un meditado trabajo de dirección que por una vez obliga al que suscribe a quitarse el sombrero ante este director de irregular filmografía, e incluso a proponerse revisar algunas de sus películas. 

Los que vayan a ver "El demonio bajo la piel" deben prepararse para entrar en la mente de un asesino. No encontrarán nada más. No hay enigmas que desvelar ni una trama llena de suspense y sorpresas. Pero no se desesperen por ello, ya hay muchas otras películas de misterio, y los que consigan meterse bajo su piel, vivirán una experiencia realmente intensa. 

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