viernes, 18 de febrero de 2011

Krasnogorsk 3 (Segunda y última parte)

La Krasnogorsk 3 tiene algunas leyendas asociadas bastante curiosas, como esa de que Krzysztof Kieslowski se inició con esta cámara, o esa otra de que Spike Lee filmó algunos planos de "Get on the bus" con una K-3. Estas tienen mucho de veraces. No es tan creíble, sin embargo, la historia que una vez me contaron y que es de largo mi favorita.

Se dice que a finales de los setenta, en la fábrica KMZ de Krasnogorsk, donde se producía la cámara, trabajaba una muchacha de unos 22 años muy espabilada y con muchos recursos. La chica, cuyo nombre desconozco y desconocía también el coleccionista ruso que me contó este cuento, tenía un amante del que estaba prendada sin remedio. El chico (cuyo nombre también se desconoce) era más joven que ella, de unos 16 años, y soñaba con ser cineasta. Así que nuestra heroína decidió regalarle una cámara Krasnogorsk 3 para que empezara a hacer realidad su sueño, y de paso, para complacerle y ganarse su amor eterno.

La muchacha no era una trabajadora cualificada, trabajaba en una zona de embalaje y de logística dentro de la planta. E ideó un plan para robar una de las cientos de K-3 que cada día pasaban por sus manos. Los soviéticos eran muy estrictos con los números, así que no lo tuvo fácil. Pero su puesto de trabajo le facilitaba las cosas. El problema no estaba en coger la cámara y llevársela, sino en hacerla desaparecer de los registros. Las cámaras le llegaban a ella ya con el número de serie grabado, con lo que éste era ya inalterable. Cada número de serie debía tener un destino marcado. Otra cosa despertaría inmediatamente una investigación. Ella era la encargada de apuntar los números de serie en los registros. Pero, ¿como aprovechar esa ventaja? No podía hacer desaparecer un número sin más, pues en los muelles de carga se empaquetaban y cargaban un numero fijo de cámaras, 50 en concreto. Esas cargas se hacían, registralmente, a partir de números consecutivos. La desaparición de una cámara supondría que en una carga habría 49 cámaras, y no 50. Añadir otra, alteraría todo el criterio numérico de carga y sería fácilmente descubierto. El único modo de hacerlo era marcar una determinada cámara con su número de serie como un "paquete especial". Eso permitía desviarla de la cadena de embalaje y resetear los números de referencia para la carga. En cuanto alguien hiciera preguntas, solo había que mostrar los registros dónde se especificaba que esa cámara era un "paquete especial". Eso hizo nuestra heroína.

La mayor parte de las veces no se hacían más preguntas, pero en esta ocasión, su supervisor quiso saber por qué en concreto la cámara con número de serie 78010662 estaba señalada como "paquete especial". La chica tuvo que improvisar. Explicó que, por lo que había oído, se trataba de un obsequio para uno de los principales miembros locales del partido comunista. La explicación dejó satisfecho al supervisor, un hombre muy puntilloso, que tomó buena nota de ello.

La chica había escogido esa cámara y no otra por una razón concreta. El número de serie, aquello a lo que la mayoría de mortales no haría el menor caso, pero en lo que ella andaba metida todo el santo día, no era otro que la fecha de cumpleaños de su amante: el primero de junio de 1962. Los dos primeros dígitos, 78, daban cuenta del año de producción. Le pareció un detalle del destino que una partida con esa numeración llegara a sus libros en ese preciso momento. Así que aquella fue la cámara escogida.

Todo fue muy bien. Le llevó la Krasnogorsk 3 numero 78010662 a su joven muchacho, que la recibió extasiado, feliz como jamás lo había visto. Pensó que su plan había funcionado a la perfección, y que aquel chico del que estaba perdidamente enamorada, sería suyo para siempre. Pero ocurrió algo que ella no había previsto. Al poco de tener la cámara, una sombra apareció: el amor por el cine que aquel joven sentía, empezó a desplazarla. La pobre chica tenía que seguirle a todas partes para que rodara esto y aquello, vio como algunas ansiadas citas se cancelaban porque su amante tenía planeado filmar determinado evento. Pasaba horas aburrida en su apartamento mientras el chico revelaba y editaba los metros y metros de película que empezaban a inundar el piso. Los enormes riesgos que había corrido no daban los frutos esperados. Su amor tenía una competidora inesperada, la Krasnogorsk 3.

A las pocas semanas del hurto, una delegación política municipal hizo una visita a la planta de KMZ. Entre los miembros del grupo se encontraba el mandamás del partido a quien, según ella, se le había mandado como un "paquete especial" la cámara que en realidad había sido sustraída. No tenía por qué pasar nada, pero pasó. Cuando la delegación llegó a la zona de embalaje y logística, se les explicó a los políticos la precisión con que se llevaba registro de todas las unidades producidas. El supervisor quiso demostrar su afirmación y desafió a la delegación a escoger un número al azar. Con esa referencia se podría obtener el destino exacto de la cámara en cuestión. Quiso el azar que fuera aquel político quien diera una cifra, quiso el azar que el hijo del mismo tuviera 16 años y hubiera nacido el mismo día que el amante de nuestra heroína, y quiso el azar que, de todas las cifras que el político pudo haber dicho, mencionara en concreto los números de esa fecha, el primero de junio de 1962. Y lo que ocurrió es ya previsible: el supervisor observó que aquella cámara era un "paquete especial" y que había sido un regalo para un miembro local del partido comunista. Todos sonrieron con sorna y quisieron saber de qué político se trataba. El supervisor, un poco apurado, se hinchó de satisfacción cuando comprobó que, efectivamente, aparecía registrado un nombre. Cuando lo dijo, saltaron las risas en las caras de todos los miembros de la delegación, excepto en la de uno.

El pastel se descubrió allí mismo. Nuestra protagonista, que ya había entrado en un estado de amargura por causa de su amante, nacido el primero de junio de 1962, y del amor de éste por el cine, fue rápidamente identificada y acorralada. Ese mismo día se obsequió (por las molestias, según se dijo) al político en cuestión con una cámara Krasnogorsk 3 y se suspendió la actividad de nuestra heroína en la fábrica. Una semana después fue enviada hacia el este con destino desconocido.

El vendedor ruso que me contó esta historia no conocía el final de ninguno de sus personajes, aunque algunas fuentes apuntan que aquel muchacho al que su enamorada obsequió con una K-3, llegó a ser un importante cineasta, hoy internacionalmente reconocido, cuyo nombre no se puede confesar. De la chica, nadie sabe nada. El político era ni más ni menos que... bueno, tampoco se puede confesar, y no aporta nada nuevo a esta historia.

La leyenda, si puede llamarse así a una historia que solo tiene 33 años de antigüedad y cuyos protagonistas siguen, se supone, con vida, tiene un epílogo todavía más reciente que, de hecho, todavía no se ha cerrado. En el año 1995, en Polonia, apareció en un anticuario de Cracovia una cámara Krasnogorsk 3 con el número de serie 78010662. Se dice que la compró un coleccionista alemán, y desapereció sin dejar rastro. Hasta 2003. Ese año, no se sabe cómo, ni dónde, ni por quién, la 78010662 volvió a ponerse en circulación por internet y fue adquirida por alguien desconocido. Otra vez se le perdió la pista, y no se supo nada más hasta hace un año, cuando la 78010662 fue referenciada en un inventario rutinario de la policía italiana entre las pertenencias de un hombre asesinado por su esposa en la ciudad de Génova. Fue subastada judicialmente y adquirida por una mujer de nombre desconocida. Sólo se sabe de ella que era rusa, muy bella, elegante y altiva, y que tendría unos 55 años.

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